Hay libros que una lee con la sensación de estar descubriendo algo nuevo, y hay otros que, sin avisar, abren una puerta hacia una versión de una misma que parecía guardada en alguna parte. Quiltras, de Arelis Uribe, fue de esos para mí.
Septiembre en el club de lectura MCA
En septiembre, mes de la patria, en nuestro club de lectura Mamás Chilenas Abroad decidimos leer a dos autoras chilenas y uno de ellos era Quiltras. El último domingo del mes nos reunimos por Zoom para conversar sobre el libro y tuvimos una suerte preciosa: Arelis Uribe aceptó acompañarnos. Para quienes vivimos fuera de Chile, ese encuentro hizo que la lectura se sintiera más comprendida; no solo comentábamos un libro, sino que volvíamos, por un rato, a ciertos códigos, recuerdos y preguntas que siguen habitándonos.

De que trata Quiltras
Quiltras reúne cuentos protagonizados por niñas y mujeres que observan el mundo desde los márgenes: la familia, el barrio, el deseo, la amistad, la precariedad, la violencia y esa etapa incierta en que una deja de ser niña sin entender del todo qué se está perdiendo. No son relatos que busquen suavizar la experiencia. Arelis escribe con una mirada filosa, pero también con humor y ternura; en sus historias, lo cotidiano puede convertirse de pronto en una herida, una revelación o una pequeña forma de resistencia.
Mi experiencia leyendolo
Lo que más disfruté fue la cercanía generacional. Muchos de los cuentos están atravesados por referencias, escenas y sensibilidades que reconocí inmediatamente: una manera de hablar, los objetos de la adolescencia, las dinámicas familiares, las expectativas que pesan sobre las mujeres. Como somos contemporáneas, sentí que el libro no me explicaba una época desde afuera: me devolvía fragmentos de ella. En el club varias compartimos esa misma sensación, especialmente porque leerlo desde la distancia fue casi como recibir un pedacito de Chile.
Mi única dificultad como lectora tuvo que ver con la continuidad entre algunos relatos. Como varias protagonistas comparten una voz, un tono y ciertas experiencias, por momentos no tenía claro si estaba ante la prolongación de una historia o frente a una nueva. Esa cercanía entre personajes me hizo perderme un poco al principio. Después entendí que ese eco también podía leerse como parte del universo del libro: voces que se rozan, se repiten y se responden unas a otras.
Quiltras es un libro breve, pero no liviano. Se lee rápido por la fluidez de la prosa y por la intensidad de cada historia, aunque sus preguntas se quedan acompañando mucho después. Para mí, leerlo fue volver a una parte de Chile que no está solo en un lugar físico, sino también en el lenguaje, en los recuerdos y en las cosas que una reconoce sin necesidad de que se las expliquen.
Nuestra reunión con la Autora
Durante el encuentro, Arelis habló de esa dimensión colectiva de su escritura. Explicó que los escenarios de Quiltras nacen de lugares que conoce y que su formación periodística la llevó a describirlos con una textura muy real. Sin embargo, las experiencias no son una transcripción literal de su vida: son una mezcla de voces escuchadas, recuerdos, invención y observación. Tal vez por eso sus cuentos se sienten tan personales y, al mismo tiempo, tan compartibles.
También fue muy clara respecto de la intención que sostiene el libro: dar espacio a subjetividades que suelen quedar invisibilizadas. Infancias y juventudes, mujeres morenas, mujeres de barrios populares, lesbianas y otras identidades que resisten en un mundo adulto-céntrico y machista. En Quiltras, esa posición no aparece como un discurso impuesto sobre los personajes; está encarnada en sus contradicciones, en sus deseos y en la forma en que se mueven por un mundo que muchas veces les exige más de lo que les ofrece.
La autora dijo algo que se me quedó dando vueltas: para ella, escribir también es una forma de denuncia. Cree en una literatura comprometida, capaz de tomar postura frente a lo que indigna, violenta o necesita cambiar. Esa convicción se percibe en el libro, aunque no le quita humanidad a los cuentos. Hay dolor, pero también afecto; hay rabia, pero también una delicadeza enorme al mirar a esas niñas y mujeres que están aprendiendo a sobrevivir, a nombrarse y a crecer.
Quizás ahí reside su fuerza: en convertir experiencias íntimas, a veces incómodas, a veces dolorosas, en relatos donde muchas podemos reconocernos. Quiltras no ofrece respuestas fáciles, pero sí deja una conversación abierta sobre crecer, pertenecer y aprender a mirar el mundo con otros ojos.
¿Lo han leído? Me encantaría saber qué les pareció a ustedes.

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