Este pasado septiembre leímos La bruja de Portobello, de Paulo Coelho, en el club de lectura en español de la biblioteca donde trabajo, y nos fue muy bien con él: nos gustó mucho a todas. Coelho, como siempre, deja un mensaje muy positivo y enriquecedor espiritualmente, de esos que se agradecen en medio de la rutina.
Lo que nos dejó pensando
Una de las reflexiones más fuertes que salió en la conversación fue que nunca vamos a poder controlar lo que otros ven de nosotros. La forma en que nos percibimos, y la forma en que nos percibe la gente, siempre va a ser desde un punto de vista distinto, porque hay muchos factores que influyen en la experiencia de cada persona: lo personal, lo familiar, lo social. La historia está contada justamente así, desde muchas voces que describen a la misma mujer, y ninguna se parece del todo a la otra.
¿Quién es una «bruja»?
Lo otro que destacamos como club fue cómo el término «bruja» ha sido asignado por esta sociedad patriarcal a aquellas mujeres que se salen del molde, de lo convencional, y que siguen sus propias reglas de intuición y conexión con lo divino: mujeres sensitivas y con poder de decisión. Ellas siempre son las brujas.
Y ahí está, para mí, lo más interesante del libro: la palabra que se usa para señalar y juzgar termina diciendo más de quien la usa que de la mujer a la que se le aplica.
¿Lo han leído? Cuéntenme en los comentarios qué les pareció, y si alguna vez les han puesto la etiqueta de «bruja» por salirse del molde.

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