Hay libros que uno no vuelve a leer porque cree que ya los «agotó» la primera vez. Santa María de las Flores Negras, de Hernán Rivera Letelier, no es uno de esos libros. Lo leí por primera vez al comenzar mis 20, con todo ese espíritu revolucionario que se tiene a esa edad, odiando al sistema con una intensidad que hoy casi envidio. Y ahora lo volví a leer, más de 20 años después, para el club de lectura MCA (Mamás Chilenas Abroad). La experiencia fue completamente distinta. Y eso es lo que quiero contarles hoy.
Esta reseña tiene spoilers. Te aviso justo antes de la parte que los contiene, así que puedes leer hasta ahí sin miedo y decidir si sigues.
De qué trata (sin spoilers grandes)
Rivera Letelier reconstruye uno de los episodios más oscuros y silenciados de la historia chilena: la huelga de los obreros del salitre que, en diciembre de 1907, caminaron días enteros desde las oficinas salitreras del desierto de Atacama hasta Iquique, para exigir condiciones de vida y de trabajo más justas. La novela mezcla personajes reales con otros de ficción, como Olegario Santana, Domingo Domínguez, José Pintor, la familia de Gregoria Becerra y los sigue desde que se organiza la huelga hasta el desenlace que todos sabemos que viene, porque es novela histórica, no ficción.
⚠️ Acá empiezan los spoilers
Si no conoces la Matanza de la Escuela Santa María de Iquique, esto es lo que pasó (y lo que la novela narra desde adentro): los obreros y sus familias,mujeres y niños incluidos se instalan a esperar respuesta en el patio de la escuela. La respuesta que reciben es una descarga del Ejército, ordenada por el general Roberto Silva Renard. Las cifras de muertos varían según la fuente, algunos hablan de cientos, otros de miles, pero lo que la novela logra, más allá del número exacto, es ponerle rostro y nombre a esa «masa anónima» que la historia oficial prefirió no contar.
Lo que más me quedó esta vez no fue la masacre en sí, que ya sabía que venía, sino los pequeños destinos que Rivera Letelier deja entrever antes de llegar ahí: el amor adolescente de Liria María e Idilio, la dignidad terca de Olegario Santana, la fe ciega de tantos en que la marcha, esta vez, sí sería escuchada. Esa ingenuidad colectiva, creer que con caminar y pedir educadamente bastaría, es lo que más me dolió en esta segunda lectura.
Dos lecturas, dos personas distintas
La primera vez que leí este libro, la rabia fue lo que más sentí. Las injusticias me calaron hondo, de esa forma en que solo te cala algo cuando todavía crees que el mundo se puede cambiar a punta de indignación. Esta segunda vez, leyéndolo, sentí algo más parecido a la resignación. Y creo que eso dice más de mí, que del libro mismo.
Porque lo que más pena me dio no fue la novela en sí, sino darme cuenta de que han pasado más de cien años desde la masacre, más de veinte desde mi primera lectura, y las brechas salariales, laborales y de clase que retrata Rivera Letelier siguen, en mayor o menor medida, presentes. Hoy existen más derechos que en 1907, eso es innegable y hay que decirlo con justicia. Pero la desigualdad de fondo, esa sensación de que unos pocos deciden el destino de muchos, no se ha resuelto, solo ha cambiado de forma.
Y hay algo en esa fe casi ingenua, la misma que tenían los pampinos al caminar hacia Iquique pensando que serían escuchados, que todavía veo reflejada en cómo Chile sigue, en pleno siglo XXI, esperando que las soluciones lleguen desde arriba, confiando en que quienes tienen el poder económico decidan, por su propia voluntad, repartir las cosas de manera más justa y cien años después de Santa María, seguimos, como sociedad, apostando a esa misma esperanza.
Pensamiento mágico, estas ahí?
¿Vale la pena leerlo (o releerlo)?
Sin duda. Y si ya lo leíste hace años, te invito a que lo vuelvas a abrir. No vas a encontrar el mismo libro, vas a encontrar la misma historia, pero leída por una versión distinta de ti.
¿Y ustedes?
Si lo leyeron, ¿en qué momento de su vida lo hicieron, y qué les dejó? Cuéntenme en los comentarios, y si forman parte de algún club de lectura, este es de esos libros que vale la pena discutir en grupo, porque cada una se va a llevar una lectura distinta a casa. Así que lo recomiendo!.

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